"Ante semejantes actitudes deberías recibir ayuda de algún tipo, admite primero tu depresión severa y con el tiempo podrás desatar los cabos de tu exánime sentido común y aprecio por tu persona."
Con las palas del recuerdo hago agujeros tratando de dar con aquello que me provoca todo, pero es imposible, hay demasiada tierra.
El crecer pudo haber sido el causante, maldito guerrero que me arrancó de las manos mi tan apreciada vida como eterna infanta, navegaba entre colores, el espacio estaba ocupado con fragmentos alineados. Momentos, encuentros, incluso casualidades... vivía en orden, sin embargo, los cambios no se hicieron esperar: un pecho con tetas, hormonas y todo lo que te convierte en un ser que sangra, había perdido la batalla.
Con la capa baja caminé entre zarza,el terreno era desconocido, no sentí dicha alguna, este ser inadaptable pronto tuvo que caer de bruces más de una vez.
Lo perdí todo: el control, la felicidad y el camino, pronto me encontraba completamente extraviada, fue entonces cuando el cuerpo que carga esta mente se rebeló también, no le parecía estar del bando de los débiles... y se hizo grande.
Y todo fue peor.
Habité entre la oscuridad que se hace cuando los libros se cierran, ahí construí mi nueva fortaleza, impenetrable e imperfecta. Pasaron años antes de que decidiera dejar todo, cruzar el puente de la cordura y poder verla desde fuera. Lo hice, lo logré un día, me encontraba con los ojos y la nariz en el agua, nada de fuerzas, nada de nada, a rastras recorrí un desierto fantástico por 30 días, comí casi arena y eso me hizo bien, cuando llegué a los demás, se habían esfumado 15 kilos de mí, por primera vez sentí que ganaba mientras perdía.
Hace más de 4 años ingresé a este bosque,rodeada de todo lo anhelado, esperando algún día cambiar la roída corteza de mi cuerpo dañado y tener cada día, menos de mí para odiar.
He empezado de nuevo, veamos a donde llego esta vez.
domingo, 11 de octubre de 2009
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